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“La realidad no existe, ó lo que llamamos realidad es relativa”.

 

Esta afirmación  ha servido de tema de discusión  filosófica, desde la época Griega, sobre todo  en dos ciudades espléndidas: Elea y Efeso (Siglos V y IV a.de C.),  que vieron  forjarse  dos concepciones diferentes del universo, dos cosmovisiones, que darán que hablar hasta el momento y que están representadas por Parménides de Elea, y Heráclito de Efeso.

 

Parménides de Elea, fundador y padre de una escuela de discípulos: los eleatas, y Heráclito de Efeso, el solitario, el oscuro, familia y discípulo de sí mismo, que, sin embargo era un dechado de hospitalidad, a cualquier extraño visitante. De él parte la idea que el “Ser y Pensar son la misma cosa”.

 

Heráclito y Parménides parecen estar en lados opuestos: uno afirma el devenir y el cambio, el otro lo niega. Sus diferencias se muestran en la siguiente tabla:

Heraclito

 

Heráclito ya nos hablaba que el devenir es constante y el camino hacia la verdad no es única,  y que la esencia del mundo no es posible captarla.

 

El hecho que como seres  humanos estemos limitados de conocer la realidad, y estemos sujetos a los cinco sentidos que tenemos,  nos lleva a comprender que el conocimiento es ilimitado y formamos parte de una realidad que solo se encuentra en nuestra mente, y esta depende de los conocimientos que tengamos,  los cuales también están  limitados y dependen de la experiencia que tengamos acumulada.

 

Este pensamiento es poderoso, ya que viéndolo desde esta perspectiva nos lleva a definir a un ser humano pequeño ante el universo, y  es retador al tener todo un Universo aún por descubrir.

 

Mis certezas, siempre estarán en dudas, ya que el conocimiento es ilimitado, y siempre habrá otro camino. Esto abre una puerta que nos conduce hacia un espacio ilimitado y no debemos de tenerle miedo, ya que al entender esto, saldremos desde nuestra posición de confort y marcharemos hacia una zona de aprendizaje.

 

Cada uno de los seres tienen sus propios aprendizajes y por lo tanto verán las cosas de manera diferente a como lo veo .Comprender lo dicho es potente,  ya que esto nos lleva a comprender que cada ser tienen sus propias experiencias,  y cada uno de ellos entregará lo que tiene, por lo cual no debemos de molestarnos , sino ver en ellos enseñanzas o oportunidades de enseñar.

 

Para Heráclito: “Lo que hay en nosotros es siempre uno y lo mismo: vida y muerte, vigilia y sueño, juventud y vejez, ya que el cambio del uno da lugar al otro y recíprocamente”“Nos bañamos y no nos bañamos en el mismo río: somos y no somos. No se puede entrar dos veces en el mismo río”.

 

Heráclito emplea en lugar de la palabra Dios la palabra Logos, que es lo que abarca todo el mundo y se muestra en la naturaleza llena de contradicciones; es el símbolo de la unidad de los contrarios y del cambio, alma del universo. El arjé para Heráclito sería el fuego. Pero él no pensaba como los jonios, no creía en una cosmogonía como Anaximandro, ni que hubiera una sustancia primera que diera origen a las demás. El mundo siempre fue como es ahora, y el fuego simboliza sus principales características: el cambio y el enfrentamiento. El fuego es uno y cambiante a la vez, y se mantiene por la muerte de otras sustancias. Debajo del cambio y de la lucha hay un orden, una armonía: el logos. El logos es como una inteligencia cósmica, un fuego racional, es algo físico que muestra lo difícil que resultaba explicar las cosas sin rebasar la noción de lo material.

 

Todo está en permanente cambio (panta rey). Hasta entonces los filósofos habían buscado la permanencia y la estabilidad. No hay, decía Heráclito, ni nadie puede desearlo, un mundo estancado. Todo lo que vive, vive por la destrucción de otras cosas. El fuego vive por la muerte del aire, y el aire por la del fuego; el agua vive por la muerte de la tierra, y la tierra por la del agua.

 

El cambio es oposición de contrarios. La ley oculta de la naturaleza es que todas las cosas viven en pugna, la cual es, por lo tanto esencia para la vida y por consiguiente buena. Afirmaba en un sentido metafórico que la guerra es el padre y el rey de todas las cosas. Pero estos contrarios se necesitan: la realidad es unidad de contrarios. A pesar del cambio y de la contradicción, existe simultáneamente una armonía. Heráclito puede ser considerado el padre del pensamiento dialéctico, y su concepción podría resumirse en la coexistencia necesaria del conflicto y la armonía, de la unidad y la pluralidad, de la estabilidad y el cambio.

 

Parmenides:

Por su parte Parménides escribió el llamado “Poema de Parménides”. Éste propone dos vías para alcanzar el conocimiento: la vía de la Verdad, transitada por la razón, y la vía de la Opinión o de la apariencia, que es la propia de los sentidos. El conocimiento verdadero sólo se puede alcanzar mediante la razón, siendo los sentidos una fuente de conocimientos aparentes y engañosos. Seguramente es el primer filósofo que propuso la regla básica del pensamiento lógico, llamado principio lógico de identidad y de no contradicción. Este consiste en afirmar que no podemos pensar que una cosa es algo y al mismo tiempo es lo contrario. Si pensamos de esta forma caemos en una contradicción lógica. Pero Parménides no se refería exclusivamente al orden del pensamiento lógico cuando decía que el Ser es, y el no Ser no es (el Ser no puede ser y a la vez no ser); éste era también el atributo fundamental del ser en general. Fiel a aquella distinción, realizada en su poema, entre la vía de la verdad (la razón) y la vía del error (los sentidos), sólo existirá realmente aquello que se somete a las reglas del pensamiento lógico, lo demás será puro engaño sensorial. Esto le llevará a afirmar los siguientes atributos del Ser.

 

Atributos del Ser:

Eterno: el Ser debe ser eterno, porque si no lo fuera tendría un comienzo, y antes de este comienzo existiría el no ser, y decir que existe (es) el no ser es una contradicción. Parménides concebía al ser como eterno y de forma esférica.

 

Continuo: el Ser debe ser absolutamente continuo o compacto, porque lo contrario sería admitir la existencia de espacios vacíos, es decir de algo que no es.

 

Único: si el Ser fuera plural cada cosa es diferente porque precisamente no es lo que son las demás cosas. Nuevamente nos veríamos obligados a admitir el no ser. Para Parménides la variedad de este mundo cambiante debe ser una ilusión de los sentidos, no algo que realmente exista.

 

Inmóvil. Este es un atributo del Ser que se desprende de los dos atributos anteriores, la continuidad y la unicidad. Para que haya movimiento debe haber espacios vacíos, y esto desde el punto de vista lógico no es posible.

 

La afirmación de estos atributos del Ser como propiedades de lo que realmente existe, visto desde hoy, contraviene al sentido común. Sin embargo, es necesario, para comprender el sentido y la importancia de la filosofía de Parménides que hagamos un esfuerzo por comprender las limitaciones del pensamiento de su época en general.

 

Si algo debemos reconocerle a Parménides es que inició a los griegos en la senda del pensamiento abstracto, hizo trabajar a la mente sin referencia a los hechos externos.. Separó el conocimiento racional (vía de la verdad) del conocimiento sensible (pseudo conocimiento, mera opinión). Es cierto que condujo a la filosofía griega a un cierto callejón sin salida ya que no explicaba ni la pluralidad ni el movimiento.

Parmenides y Heráclito tenian en cierta medida ideas contrarias. La razón de Parmenides le decía que nada puede cambiar. Pero los sentidos de Heráclito le decían con la misma convicción, que en la naturaleza suceden constantes cambios. Dos ideas contradictorias que dejaron a la Filosofía con un problema difícil de resolver. Años mas tarde surgiría Empédocles de Sicilia, pero eso ya es otra historia.